Conferencia en Universidad Arturo Prat

El pasado 25 de noviembre tuve la oportunidad de compartir con estudiantes y egresados de la carrera de Pedagogía en Educación Física de la Universidad Aurturo Prat (Iquique, Chile) la conferencia titulada “Educación Física en Chile: desde una presente ausente a un futuro posible”. La instancia permitió dialogar profundamente con los asistentes por un tiempo aproximado de dos horas.

A continuación dejo algunas fotos de la actividad.

This slideshow requires JavaScript.

Participación en Seminario Internacional “Repensando la Educación Física en Chile: desafíos pedagógicos para la infancia y la niñez”

El día 4  de noviembre participé en Seminario Internacional “Repensando la Educación Física en Chile: desafíos pedagógicos para la infancia y la niñez” con la conferencia titulada “Narrativas Infantiles y Aprendizajes”. A continuación pueden ver dos fotos de la actividad en la que pude compartir con destacados académicos como el Dr. Carlos Calvo Muñoz (Universidad de La Serena) y el Dr. Lucio Martínez Álvarez (Universidad de Valladolid, España).

 

Conferencia-Taller en VI Congreso Regional de Educación

a-morenoEn la ciudad de Iquique puede participar, como conferencista-tallerista, en el VI Congreso Regional de Educación organizado por la Fundación Educacional Collahuasi. En la ocasión realicé una conferencia-taller cuyo tema central fue la desescolarización de la Educación Parvularia y cuyo título fue: “Tentadas por la escolarización y apasionadas por la educación”.

Fueron más de 200 las educadoras de párvulos que participaron de dicha actividad y con ellas pude dialogar sobre la temática ya comentada.

This slideshow requires JavaScript.

Conversación con Cristian Warnken y Serge Bomaire

El día de ayer, 25 de octubre, tuve la oportunidad de conversar con Cristian Warnken y Serge Bomaire en la Escuela de Educación Parvularia de la Universidad de Valparaíso. Los cuentos, la literatura universal y los relatos mitológicos fueron parte de la conversación. Y de repente el concepto de caos aparece en nuestro compartir.

Aproveché de entregar mi libro EDUCACIÓN Y CAOS al poeta Cristian Warnken. A continuación algunas fotos.

This slideshow requires JavaScript.

 

Presentación libro EDUCACIÓN Y CAOS

tapa-educacion-y-caosMuy buenas tardes a todos y todas. La verdad es que después de escuchar a Juan Manuel, Marcos, Fabiola, Marcelo y Carlos tengo la preocupante y desagradable sensación de que no tengo mucho más que decir. Pero bueno, como autor del libro me siento en la obligación de contarles algunas cosas.

Y quiero comenzar así, contándoles. Contándoles una historia real acontecida en los últimos meses y que refleja, a mi entender, el contenido de este libro que la JUNJI ha editado y que queremos compartir con ustedes.

Hace aproximadamente tres meses la educadora de Juan Manuel tuvo que pedir una licencia médica y otra educadora se hizo cargo del salón al que él asiste. Después de tres días con esa nueva educadora Juan Manuel nos comenta, a su madre y a mí, que no quiere ir al Jardín, cosa que nos llama poderosamente la atención pues siempre había sido motivo de alegría despertarse, desayunar y vestirse para encontrarse con sus amigos y amigas y con su educadora. Por horario laboral yo nunca acompaño a Juan Manuel al Jardín Infantil, lo hace su madre. Pero ese día, por curiosidad (quizás por copucha propia de investigador educativo) decido acompañarlo para conocer a la nueva profesional y preguntarle cómo ha encontrado a Juan Manuel. Dicho y hecho. Llegamos al Jardín, la educadora lo recibe y se me ocurre preguntarle. ¿Cómo ve a Juan Manuel? Ella me dice: muy bien. Y yo, quizás algo irrespetuoso, le digo: pues él no dice lo mismo. Él siempre quería venir al Jardín y recién ahora comienza a decirnos que no quiere venir. Ella me dice, no se preocupe, es que yo soy muy exigente y como aún no se sabe bien los números pues yo lo hago trabajar mucho. Pero no se preocupe, me insiste, porque eso le hará bien y así podrá pasar al siguiente nivel mejor preparado. Yo le comento que sí me preocupo pues nosotros, como padres, no tenemos ninguna prisa en que se aprenda esos números pues preferimos que él construya ese aprendizaje cuando esos números se conviertan en una necesidad para seguir disfrutando del espacio y del tiempo educativo. Ella me insiste que es muy relevante el aprendizaje de los números y yo le insisto que para nosotros lo más relevante es que siga encontrando el Jardín Infantil como un lugar en el que encantarse. Después de notar cierta molestia en la educadora, decido despedirme. Me voy consciente de que mis palabras no van a generar algún posible cambio pero al menos siento relajo al poder descargar parte de la rabia que me había generado tal situación.

Curiosamente, al día siguiente la educadora llama a Fabiola a una reunión para conversar de Juan Manuel. Ella le comenta a Fabiola que cree que Juan Manuel tiene algún problema de aprendizaje pues aún no se ha aprendido los números.

Esta situación creo que es una buena fotografía de lo que en el libro denomino “el insípido orden escolar” Un orden impuesto por una cultura adultocéntrica que obliga a los niños a aprender cosas supuestamente interesantes en un momento y lugar determinados, aunque ello suponga generar cierto rechazo a la maravillosa experiencia del aprendizaje. Un orden escolar, ya instalados en muchos, o al menos en algunos jardines infantiles que quiere preparar para primero básico a pesar de que la vida de los niños y niñas no funciona bajo esa lógica. Un orden que aleja a los niños y niñas de la verdadera naturaleza de la infancia y que de esa forma termina negando a los propios niños y niñas.

Curiosamente, hace dos días le cuentan a Fabiola, de manera sorprendida, que en la tarde Juan Manuel ha liderado un motín. Y le relatan cómo después de un tiempo de conversación de Juan Manuel con cuatro amigos más, él les pidió, estando en el patio de juegos, que cuando la educadora les diga que vayan al salón a trabajar ellos no accedan y se queden en el patio. Y así fue, después de llamarlos ellos deciden que no, y dicen que no, que se quedan jugando. La educadora insiste y ellos vuelven a negarse. Finalmente tienen que tomar a los niños en brazos y llevarlos al salón. Todo esto acompañado de risas de Juan Manuel y sus compañeros en su constante negativa a ingresar al salón.

Juan Manuel ha creado un motín. Esto me lo relata Fabiola en una conversación telefónica la tarde de este martes. Tengo que decir que ella muestra cierta preocupación al relatarme lo ocurrido, y a mí no se me ocurre nada mejor que reírme de forma descontrolada.

Y me asalta la pregunta ¿cómo un niño con supuestos problemas de aprendizajes es capaz de pensar, planificar y ejecutar un supuesto motín?

¿Qué implica llevar a cabo lo relatado?

Me acuerdo de Paulo Freire cuando él nos comenta que Alfabetizarse no es aprender a repetir palabras, sino a decir su palabra

¿Acaso no es este motín una forma de decir su propia palabra?

¿Acaso no tiene esta actitud un tremendo valor educativo?

Pero decir su propia palabra, en este caso, requiere una complejidad educativa normalmente soslayada, escondida y negada por el mundo de la escolarización.

Pensar qué es lo que quiero, identificar a los posibles compañeros que puedan seguir la idea, analizar y adelantar posibles riesgos, convencer a los amigos y amigas, conversar-dialogar con ellos y, finalmente, ceder porque el poder ejercido jerárquicamente no ofrece otras opciones, pero sin perder el carácter lúdico representado en esa sonrisa socarrona que permite comunicar que igualmente no se perdió en la decisión tomada porque los han tenido que obligar.

Es esta segunda parte de la historia lo que en libro denominado el “sabroso desorden educativo”

El sabor del caos, aparente desorden aleatorio, insisto en lo de aparente, pero que encierra el germen del aprendizaje verdadero, ese aprendizaje encarnado en la experiencia del vivir. Un vivir que no acepta áreas disciplinares, sino que se da en la vida misma, en el hacer concreto de niños y niñas que experimentan sus mundos compartidos.

Nadie podría negar que la experiencia de saborear los alimentos también es un aprendizaje. Para algunos/as es lo mismo comerse una hamburguesa del macdonal que un buen asado, un buen pastel de choclo o una exquisita cazuela.

En el libro recojo múltiples experiencias “desordenadas-caóticas” de niños y niñas normalmente negadas por las instituciones formales de educación, pero desde podríamos generar enriquecedoras experiencias educativas. No es un libro sobre el deber ser de las educadoras sino un intento por maravillarnos, y aprender a maravillarnos, por la tremenda capacidad de aprendizaje de los niños y niñas. Pero no de Juan Manuel, de Elena o de Andrés como casos únicos y especiales, sino a la tremenda capacidad de aprendizaje de todos, repito, de todos y cada uno de los niños y niñas que asisten a los jardines infantiles. De todos los Luchín que son partes de nuestras comunidades educativas.

En el libro muestro como la teoría del caos, ciertos principios científicos alejados de las teorías pedagógicas más de moda, nos ayuda en la comprensión de estas experiencias con la que todos los niños y niñas nos maravillan cotidianamente.

Nos decía Carlos Calvo en la mañana que nos sentimos tentados por la escolarización y temerosos de los procesos educativos. Este es un tema que también abordo en el libro y que lógicamente tiene que ver con la inseguridad que nos produce que el niño y la niña hagan libremente. Nos cuesta asumir esa libertad del educando porque eso trastoca nuestras planificaciones, la linealidad con la que preparamos nuestras prácticas educativas.

Adéntranos en esa libertad es inmiscuirnos en la incertidumbre propia del acto educativo. Una incertidumbre que nos invita a educar en función de las preguntas que los niños hacen y las respuestas que ellos mismo construyen y no en las preguntas que ya llevamos preparadas como profesionales de la educación y antes las cuales sólo existen las supuestas respuestas que nosotros consideramos correctas.

Nos dice Krisnamurti que las dos experiencias humanas en donde verdaderamente somos uno con la naturaleza son el orgasmo en los adultos y el juego en los niños. Todavía nos sentimos temerosos de ese juego de niños y niñas en los que parecieran que dejan de estar con nosotros. Tanto es así que no hace mucho le escuché a la subsecretaria de educación parvularia decir que “bueno, no todo va a ser juego en educación parvularia, también hay que trabajar” Es esta mirada dicotómica entre juego y trabajo, entre caos y orden, la que nos hace que nos sintamos tentados por la escolarización en los jardines infantiles. Y es esa tentación la que debemos transformar.

Estas son algunas de las ideas principales que se relatan en este libro, intentado orientar el relato desde la reflexión y las experiencias concretas donde esas reflexiones han sido construidas. Es por ello que los niños/as y el aprendizaje son el centro del libro. Ello con una intencionalidad política muy clara.

En una época de constantes reformas en el sistema educativo, cuando uno escucha las propuestas que nos hacen desde las políticas y desde la academia cada vez es menos lo que se nombra a los niños y niñas concretas con los que trabajamos cotidianamente. Y son estos niños y niñas y sus procesos de aprendizaje los que son descritos en “EDUCACIÓN Y CAOS: del insípido orden escolar al sabroso desorden educativo”.

Espero que lo lean, lo disfruten y puedan generar reflexión, en sus comunidades, a partir de lo leído. Yo no tengo recetas para mejorar la práctica educativa, pero si principios y experiencias que podrían orientar dicha mejora.

Para terminar, quiero agradecer muy profundamente a diversas personas que directa o indirectamente han hecho posible estar aquí hoy compartiendo con ustedes la presentación de este libro.

En primer lugar, a la JUNTA NACIONAL DE JARDINES INFANTILES, la verdadera institucionalidad pública que tiene el país para la educación parvularia, por más que nos quieran hacer creer que necesitamos los servicios locales para darle una nueva institucionalidad. Agradecerle a la JUNJI por haberme dado la posibilidad de compartir con educadoras de todo el país algunas de las experiencias, ideas y propuestas sobre el aprendizaje. Sin duda que publicar un libro, para cualquier académico es relevante. Pero en mi caso hacerlo en Ediciones JUNJI tiene un doble valor pues no es sólo una cuestión de ego personal sino principalmente de saber que este libro va a llegar, de manera gratuita, a una inmensa cantidad de jardines infantiles a lo largo de todo el país. Y agradecer muy especialmente al Director de la Editorial Marcelo Mendoza y a Rosario Ferrer por el trabajo de edición. Normalmente el trabajo de edición queda en la sombra, pero es una sombra que de no existir no hubiera permitido que este libro viera la luz. Aún recuerdo en la última versión que me hicieron llegar de la editorial para última revisión por parte mía cuando al releer ciertas partes del libro me comencé a sorprender de lo bonito que escribo. Y no, no es ese un valor mío sino un valor impagable del trabajo editorial que ellos dos han realizado.

No sé cuántas veces lo he hecho, pero quiero volver a agradecer a Carlos. No sólo por escribir un prólogo de este libro y presentarlo hoy día, que también, sino por ser el responsable de que en algún momento yo comenzara a sumergirme en ese caos educativo del que hoy escribo. Un caos educativo del que he aprendido y del que sigo aprendiendo. Y este aprendizaje comienza, para mí, en un momento muy particular. No sé si él lo recordará, pero estando en la Serena y adentrándome en el mundo de la investigación educativa, hace ya quince años, él me comenta que debo comenzar a tener experiencia en lo que se llama la observación etnográfica. Y la tarea que me encomendó fue: vaya a la plaza de la ciudad de La Serena y observe. ¿Qué observo pregunto yo? Observa la observación me dice él. El caos y la incertidumbre por esos parámetros que necesitamos pero que pocas veces autoconstruimos se apoderan de mí. Cuento esto porque este es el inicio de mi aprendizaje sobre el caos y su valor educativo. Es el inicio del aprendizaje sobre la autonomía profesional, el reconocimiento de los errores, el carácter lúdico de la docencia y la investigación y del compromiso político por una educación otra.

Agradecer también a mis colegas y amigas de la Escuela de Educación Parvularia de la Universidad d Valparaíso. Todas tenemos muchísima pega en cada una de las labores que hacemos. Pero terminar este libro no hubiera sido posible sin las palabras de cada una de ellas, sin el ánimo para seguir haciendo cosas y sin los sueños que cada una de nosotras tenemos por una educación parvularia desescolarizada.

Hacer un libro requiere de los tiempos y espacios y por ello son las personas más cercanas las que me han colaborado para poder concluirlo: la comunidad familiar de la que formo parte ha sido un apoyo imposible de cuantificar. La amorosa, musical y revolucionaria inteligencia de Fabiola, mi compañera, siempre me invita a cuestionar y cuestionarme. A ella agradezco no sólo su ayuda por otorgarme condiciones para la escritura, sino por estimularme en el trabajo como educador, como padre y como profesor. Las otras dos personas de esa comunidad son Marcos y Juan Manuel, mis hijos; la creatividad incesante, el asombro cotidiano y la magia de sus abrazos son inherentes al proceso de escritura. Gracias a los tres por permitirme estar siendo-ocurriendo.

MUCHAS GRACIAS

Dr. Alberto Moreno Doña

Universidad de Valparaíso

This slideshow requires JavaScript.

Y ahora la FILOSOFÍA…

40150_Dudar del aporte de la filosofía al mundo educativo es prácticamente imposible. No existirían los grandes educadores del siglo XIX y XX sin la fundamentación filosófica que los ayudó a la construcción de una mirada del aprendizaje contextualizado, complejo e integral y de un quehacer profesional dirigidos hacia la transformación de las desigualdades sociales. No es posible pensar en Makarenko, Freinet, Montessori, Illich y Freire, entre otros, sin dar cuenta de la fundamentación filosófica que sustentó el trabajo de cada uno de ellos.

Rechazo completamente la decisión del MINEDUC en relación a la propuesta de que la Filosofía deje ser obligatoria en tercero y cuarto medio. Pero mi rechazo no está sustentado en el valor de la filosofía como asignatura del currículum escolar sino principalmente en las decisiones curriculares que se toman a espaldas, siempre, de las comunidades escolares y ancladas en términos de un concepto de productividad medible, tangible e inmediatista.

Dicho esto, me atrevo a decir desde mi experiencia investigativa del mundo escolar, que en el último tiempo es poco lo que la “filosofía” ha ayudado y está ayudando a filosofar. Al igual que la “física”, la “química” y la “biología” poco están colaborando con el desarrollo de una actitud científica frente al mundo, o “Lenguaje y Comunicación” poco han aportado a algo que vaya más allá de la mejora de los resultados en SIMCE.

Me alegra profundamente, hasta la emoción, como a partir de la decisión que quieren tomar desde el MINEDUC, el colectivo de filósofos y profesores de filosofía es capaz de alzar la voz para dar una serie de argumentos, los cuales comparto en su gran mayoría, para defender lo que consideran justo: la presencia obligatoria de la filosofía en el currículum escolar. Para nadie debiera ser una sorpresa que esto esté pasando pues, desde hace tiempo, la ESCUELA dejó de pensarse en términos educativos y sí se piensa en términos productivos y laborales. Qué tiene presencia y qué no en el currículum escolar es producto de luchas de poder de los diferentes colectivos profesionales, disciplinares e ideológicos. ¿Cómo entender, si no, que la psicología forme parte de la asignatura de filosofía en tercer año de educación media?

Hoy día son los filósofos, hace algunos años fueron los historiadores y mañana serán los colegas de música. Considero que esto muestra cómo aún seguimos pensando la ESCUELA en términos disciplinares y no educativos. Aún no pensamos la institución escolar yendo más allá de la separación artificial del conocimiento en las diferentes áreas disciplinares. Aún no soñamos ni pensamos la ESCUELA como un proyecto cultural y social co-construido junto a las comunidades donde esas escuelas se sitúan.

Construir una ESCUELA justa, democrática y que respete la propensión natural de los niños y niñas hacia el aprendizaje, es una ESCUELA donde el amor por aprender genera autonomía crítica para la transformación de esta sociedad que tanto nos duele y a partir de la cual hemos penetrado en una espiral de producción sin sentido. En dicha espiral, tanto profesores como alumnos se sitúan en su núcleo.

A la filosofía, al igual que a la música, a la historia o a las matemáticas se llega cuando tenemos la “necesidad” de seguir pensando el mundo en el que vivimos y pensándonos como actores relevantes en la construcción de ese mundo.

Pensar la ESCUELA es comenzar a conversar sobre ese concepto de calidad que con tanta insistencia aparece en las movilizaciones sociales (educación pública, gratuita y de calidad) pero sobre el cada ciudadano tiene una noción diferente.

Pensar la ESCUELA más allá de las disciplinas es hacer un esfuerzo por separarnos de ese colonialismo pedagógico que valora unas disciplinas por sobre otras y que considera que el pensamiento debe estar centrado en conceptos como objetividad, neutralidad y aplicabilidad que devienen en el rescate de valores como la expansión, competición, cantidad y dominación.